no es apología, es memoria

Francisco y la TBC

La visita del Papá nos recuerda que la TBC no decrece y que para enfrentarla necesitamos sobre todo trabajo comunitario

Alexandro Saco 

Publicado: 2018-01-21

El Papa Francisco tiene un solo pulmón, el otro le fue extirpado producto de las consecuencias de la TBC que lo afectó en su juventud. Hoy el Papá visita el país que posee uno de los peores indicadores de TBC en toda América, a pesar de que nuestros indicadores económicos hace mucho debieron traducirse en una reducción de la enfermedad. 

LOS NÚMEROS

El 2016 se registraron oficialmente 27.094 nuevos casos nuevos casos de TBC sensible; 1381 casos de TBC Resistente (TB-MDR), cuyo tratamiento asciende a unos treinta mil soles; y 121 casos de TBC Extremadamente Resistente (TB-XDR), la forma más grave que requiere un tratamiento que cuesta más de 100 mil soles o intervenciones quirúrgicas como la que salvó la vida al Papa. A pesar de la entrega de medicamentos y de la canasta de alimentos, la enfermedad no decrece.

EL TRATAMIENTO

Uno de los problemas es que la persona afectada con TBC debe tomar sus medicamentos tres veces a la semana en el mismo centro de salud u hospital, ya que esa es la forma en que el sistema de salud asegura la medicación; hasta hace unos años el esquema era de dos veces a la semana. Ello implica que la persona que trabaja deba perder tres medios días laborales; teniendo en cuenta el transporte en ciudades como Lima, significa en muchos casos perder tres días de trabajo a la semana.

A los empleadores, como es obvio, no les conviene contratar trabajadores que deben ausentarse días enteros de su centro laboral, lo que genera un círculo vicioso para el incumplimiento del tratamiento que deriva en abandonos o que en una TBC sensible se convierta en resistente. En los menores de edad se ve afectada la vida escolar incluyendo la discriminación; asimismo el tratamiento obliga a uno de los progenitores a dedicar mucho de su tiempo para llevar al menor al centro de salud. A ello se suma que el Perú no compra medicamentos para TBC pediátricos, lo cual lleva a un tratamiento no óptimo ya que se deben preparar dosis para niños de forma artesanal.

TRABAJO COMUNITARIO

El adecuado tratamiento de la TBC implica no sólo la disponibilidad de medicamentos (que en el Perú existen), sino el trabajo comunitario y social con los propios afectados y con las Promotoras de Salud. El personal de salud no tiene el alcance ni medios para de desarrollar el seguimiento del tratamiento, el apoyo psicológico y motivacional, la supervisión de la entrega de la canasta de alimentos, la detección de casos no identificados por el centro de salud en el territorio.

Se requiere un mayor y decidido apoyo a las pocas organizaciones de afectados con TBC, conformadas por personas que han superado la enfermedad, que conocen de cerca todo lo que ello significa, y trabajan directamente con afectados que llevan el tratamiento. Asimismo articular con las Promotoras de Salud una estrategia financiada que les permita desarrollar un trabajo semi voluntario (que en pocos casos ya se da) para apoyar el seguimiento del tratamiento, el apoyo comunitario y la detección en el territorio.

A ello hay que sumar los alcances de la tecnología para el seguimiento del tratamiento. En algunos países ya se práctica la certificación vía teléfono celular: el paciente remite el servicio de salud el video en el que está ingiriendo la dosis del día. E incorporar a sectores no públicos como boticas o servicios privados, para la entrega y aplicación de las dosis diarias, permitiendo a los pacientes contar con lugares más cercanos a sus rutas diarias y acceder al tratamiento.

OPERACIONES DE TÓRAX

Las organizaciones de personas con TBC vienen denunciando un grave hecho: desde el 2015 se han paralizado las operaciones de tórax para casos muy graves, afectando hasta septiembre de 2017 a 134 personas; tres de ellas han fallecido. Estas operaciones son la única forma de salvar la vida para ciertos caso de TBC; la misma operación que salvó la vida del Papa Francisco y que hoy se le niega a cientos de peruanos sobre todo por falta de decisión política.


Escrito por

Alexandro Saco

Corredor, activista por el derecho a la salud.


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