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Fútbol y salud para todos

Cuando lo vemos o lo jugamos nos igualamos. Así debemos organizar la salud: libre y sin diferenciaciones, sino seguiremos enredados en lo que ya conocemos.

Alexandro Saco 

Publicado: 2017-11-12

El fútbol nos recuerda el sentido de lo universal, de lo que todos podemos gozar o acceder porque somos seres humanos. Y así como en este deporte las diferencias se borran a la hora de disfrutarlo o jugarlo, hay aspectos que las sociedades asumen como parte de algo común, algo que se construye y se entrega a todos los miembros de una colectividad sin condición ni distinción. 

Son pocos, pero son básicos los derechos que las sociedades vía el Estado, su organización y sus instituciones están obligados a universalizar: la salud es uno de ellos. Pero en realidades como la nuestra, en la que el primer hospital (San Andrés 1552) fue de acceso exclusivo para españoles, el segundo (Santa Ana 1557) de acceso sólo para “indios” y el tercero (El San Bartolomé 1646) para los “morenos libres”, hemos crecido asumiendo que las diferencias en salud son naturales.

INDIOS Y OBREROS

Y lo más triste es que hemos sofisticado la diferencia para seguir relativizando y excluyendo el acceso a salud. El siglo pasado en 1936 se creó el Seguro Social Obrero, y en 1948 el Seguro del Empleado; de ahí los nombres antiguos del Almenara y del Rebagliati. En uno se atendían los obreros y en otros los empleados. En la década de setenta se unificaron ambos seguros y se creó el Institutito Peruano de Seguridad Social (IPSS hoy ESSALUD), pero la tarea de universalizar el acceso quedó trunca ya que el seguro social está atado al trabajo en planilla que es minoritario en el país.

Y así hemos llegado al primer cuarto del Siglo XXI, con un SIS que en quince años ha dejado de ser un seguro sólo para pobres, pero que no puede desprenderse de su falla de origen y sigue siendo administrado, gestionado y financiado para ciudadanos con menos derechos que los asegurados a ESSALUD. Entre ambos seguros suman 26 millones de asegurados, peor nadie se acuerda de los más de 6 millones de peruanos que no cuentan con ninguna protección pública en salud.

HOSPITAL NEOZELANDES

¿Alguien imagina a un neozelandés al que se le niegue la atención o tratamiento en un hospital porque no es pobre, o que reciba menos cobertura que otro neozelandés porque no trabaja en una empresa formal? Imposible. Por algo Nueva Zelanda es lo que es y mantiene indicadores de salud o educación entre los más altos del mundo; porque en su momento entendió, como todos los países que han avanzado, que no hay manera de universalizar la salud sobre la base de la diferencia o del condicionamiento.

Ahora que el fútbol nos une como ninguna otra situación, eso debe servir para preguntarnos por el origen y la persistencia normalizada de las diferencias. Es necesario desandar situaciones y políticas que parecen normales, pero que son base y sustento del enredo y desatención que debemos enfrentar. Si tuviéramos un sistema abierto solo eso ahorraría el enorme gasto burocrático de “identificación y evaluación de los pobres”; dicho de otro modo, el Sistema de Focalización de Hogares (SISFOH) en salud no sirve, y tiene una parte importante de responsabilidad en las barreras de acceso a la atención.

CANCHA PARA TODOS

Pero el asunto no es sólo operativo o de líneas de trabajo estatal, es sobre todo y principalmente parte de la mentalidad colectiva. Hay que quebrar la colonial idea de que el Estado debe brindar grados de respuesta o protección diferenciados. Se aducirá que es un tema de falta de recursos y de que debemos preocuparlos de “los más pobres”; pero resulta que hace 25 años estamos aplicando esos criterios y creencias sin que haya perspectiva de un sistema eficiente, y en este esquema no la habrá.

La lección del goce universal, indistinto, igualitario, integrador que el fútbol presenta a nuestra sociedad, puede aprovecharse políticamente, no para sostener que son los mejores los que llegan alto, sino al contrario, para afirmar que todos y cada uno de nosotros somos como esos muchachos y que provengan de donde vengan ellos o nosotros, como peruanos tenemos los mismos de derechos. No hay otro camino que la igualdad en salud abriendo el sistema y ordenándolo para que todos juguemos en la mima cancha.


Escrito por

Alexandro Saco

Corredor, activista por el derecho a la salud.


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