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Frontis del minsa - foto salud al día

PERSONAS QUE ATENDEMOS PERSONAS

Sobre el trabajo en salud en el Perú

Publicado: 2017-08-07


En el frontis del Ministerio de Salud desde hace más de 10 años se puede leer: “Personas que atendemos personas”. Quizá sea una de las frases que mejor expresa el sentido y la obligación del sistema de salud para con la población; pero también lleva a preguntarnos si como sociedad y como Estado hemos hecho lo necesario para que esas personas que atienden personas puedan desarrollar su labor de forma idónea.

250 mil voluntades

Nuestro sistema público cuenta con 250 mil trabajadores. De los cuales 180 mil pertenecen al MINSA (incluye a los gobiernos regionales), 54 mil a ESSALUD, 6 mil seiscientos a las FFAA (Sanidad del ejército, marina y aviación), 6 mil trecientos a la PNP, 3 mil al SISOL de la Municipalidad de Lima (información al 2016 Observatorio de Recursos Humanos en Salud MINSA). Un cuarto de millón de peruanos y peruanas que diariamente sostienen el funcionamiento del sistema, sólo superados por la cantidad de maestros.

De este total, 189 mil son trabajadores asistenciales, es decir los que directamente brindan algún tipo de atención de salud a la población; y de estos, 120 mil son profesionales de la salud, 60 mil son técnicos y 9 mil son auxiliares asistenciales. Mientras que los trabajadores administrativos llegan a 65 mil; de los cuales 14 mil son profesionales, 39 mil son técnicos administrativos y 13 mil auxiliares administrativos.

En el caso de los 120 mil profesionales asistenciales de la salud, 42.600 son enfermeras, 40.000 médicos, 15.000 obstetras, 5.000 setecientos odontólogos, 2.000 mil biólogos, 1900 nutricionistas, 2.700 psicólogos, 2600 químicos farmacéuticos, 4800 tecnólogos médicos, 2100 trabajadoras sociales, y el resto médicos veterinarios, químicos, ingenieros sanitarios.

Formación y planificación pública

Como se observa la formación, organización y desempeño de los profesionales de salud es un asunto con grados de complejidad relevantes, que requiere de una cirugía de alta precisión. Necesitamos reformar la formación, organizar la dotación según la necesidad de cada territorio/población, fortalecer la atención primaria y familiar sin descuidar lo especializado. Y abordar los dos temas de mayor interés gremial: la justa remuneración y las adecuadas condiciones laborales.

El asunto se complica más si tenemos en cuenta que mantenemos una brecha de 70 mil profesionales de la salud, y una oferta formativa desordena atravesada de intereses privados y resistencias públicas. La actual oferta formativa, además de privilegiar lo reparativo dejando de lado el componente humanista de las profesiones de la salud, no es suficiente para cerrar la brecha existente.

Ello obliga a una intervención pública decidida y planificada, en la que el sistema defina las necesidades de formación profesional y las universidades públicas y privadas se alineen a ese mandato de política. Específicamente en el campo público se debe promover la creación de facultades públicas de ciencias de la salud priorizando las regiones, que permitan contar con una proyección a veinte años para el cierre de brechas y para la variación en la lógica en la atención, privilegiando prevención y humanización.

Tareas gremiales necesarias

Por su parte los gremios de la salud cuyo fin es la defensa de sus intereses, deben asumir, como lentamente lo vienen haciendo, que siendo la agenda laboral un componente clave, es parte de un conjunto mayor que conforma la política de Estado en salud; y que el objetivo básico del sistema es la atención adecuada, idónea y oportuna de la persona que la necesita.

Si bien existe un enorme aporte de los trabajadores que mantienen la salud, salvan vidas arriesgando las suyas, y dan más de lo que el país les retribuye, también es cierto que la población siente y enfrenta maltrato, discriminación, y otras situaciones injustificables frente a la necesidad humana en salud. El trabajo en salud tiene facetas; es nuestra obligación como sociedad impulsar que las mejores prevalezcan frente a las que hay que evitar.

Igualdad profesional y dialogo

Este proceso también requiere que se desmonten las jerarquías internas construidas arbitrariamente, que generan maltratos e injusticias en el desarrollo de la labor en salud. En concreto, ninguna profesión es más que la otra ni puede atribuirse la conducción y gestión del sistema o de los servicios de salud. La reforma requiere del concurso de todas las profesiones, cada una en su especialidad para la que es formada, y todas para el liderazgo, trabajo en equipo, gestión y dirección.

Nuestros 250 mil trabajadores del sistema público de salud son vitales para transformar la salud. Esas personas que atienden personas son un reflejo de lo que somos como sociedad. Apoyar, reconocer y visibilizar lo positivo el trabajo en salud es factor para el cambio. Ciudadanía y trabajadores debemos sincerar esta relación con trasparencia y voluntad. Un espacio para ello sin duda son los Consejos Locales de Salud, que la ley autoriza y debemos instalar en todos los distritos para dialogar y mejorar el servicio población y trabajadores.


Escrito por

Alexandro Saco

Corredor, activista por el derecho a la salud.


Publicado en

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