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MINSA-SIS VS HOSPITALES: LA TENSIÓN Y LA ATENCIÓN

Publicado: 2017-05-01

El MINSA convoca a los Directores de los Hospitales de Lima para firmar la “Adenda” al convenio que rige las tarifas que el SIS reconoce. Éstas en varios casos resultan menores a las anteriores; se reactiva la tensión. Los hospitales exigen elevarlas y el pago oportuno del SIS, el MINSA señala que el dinero del SIS se usa mal, existe corrupción y mala gestión. Y en esa discusión que no tiene salida, los pacientes enfrentan la continua desatención y las barreras de acceso por los enredos irresueltos entre SIS y prestadores, a lo que se ha añadido, producto del ambiguo DL 1346, restricciones en la afiliación. 

Pero el asunto no es si la tarifa baja, sube o se mantiene, sino la relación que se genera cuando el denominado “Financiamiento de la Demanda” (es decir el pago por las atenciones) ha crecido en lógica de compra de productos antes que como elemento de la atención integral, sin conectar además con el conjunto de problemas del sistema de atención. Porque es lógico que si un hospital tiene una sola oportunidad de “vender servicios” y “negociar” más recursos públicos para el día a día, aprovechará solicitando dinero que dirigirá a temas distintos a la atención generada por el SIS.

El equilibrio perdido

Lo que se necesita es un equilibrio entre la prioridad por financiar la necesidad de salud y la estabilidad básica de los prestadores para funcionar. Si bien el objetivo de incrementar el “financiamiento de la demanda” tiene que ver con la necesaria mayor afiliación al SIS y con la intensión no logada de aminorar los pagos de bolsillo, ello no ha tenido el mismo reflejo en el aumento del financiamiento para equipamiento, insumos y mejores condiciones de todo tipo para la atención; vacío que los hospitales buscan cubrir con lo que el SIS entrega. Así, el dinero del SIS en muchas partes se usa para comprar papel, tinta, refrigerios, corrupción, etc.

El crecimiento del financiamiento del SIS (cuadruplicado en pocos años hasta su estancamiento 2016 y 2017), no se ha reflejado en los otros gastos que deben cubrir los prestadores. Si bien ha habido un incremento insuficiente y aun desordenado de salarios, e inversión en infraestructura también estancada, las brechas son históricas, la gestión es intuitiva y no cuenta con apoyo central (desactivaron el IGSS sin ninguna alternativa), la informatización es casi inexistente, los procesos de compra generan importante corrupción. Se dan más atenciones vía SIS pero no el soporte necesario para brindarlas, y la pita se rompe por algún lado, en este caso que los hospitales deban trabajar con lo que se les entrega, ya que no tienen elementos de presión o propuestas para lograr mayor financiamiento público.

La tensión y la atención

Si la principal tensión entre el MINSA/SIS y los hospitales se da alrededor de las tarifas, se ha descuidado el aspecto clave: La obligación de los diversos componentes del sistema de salud para entenderse priorizando la atención de la gente. Esa obligación hoy no se está cumpliendo, ya que el mecanismo de pago y sus tarifas, sumados a los descuidos y entrampamientos acumulados, no lo permiten.

Así, lo que está en discusión no es el precio de la jeringa o de la gasa que luego se usa para comprar tinta de impresoras o pagar la limpieza, o del medicamento o procedimiento; lo que está en discusión es la lógica en que se relaciona el MINSA y el SIS (¿sólo pagador o protector?) con los hospitales y demás prestadores. Esa relación hace mucho está trabada, confrontada. El SIS que debería ser reconocido como un elemento para la extensión del derecho, es visto por los prestadores como un ajuste o medio para dar derechos a quienes “pueden pagar porque tienen buena ropa o celular”, a lo que contribuyen los sentidos comunes y corporativos asentados en el sistema.

Cumplió su ciclo

Compete establecer un fluido y efectivo financiamiento, pero sobre todo una relación colaborativa, no de subordinación a los prestadores desde el MINSA/SIS, ni de reacción desde los hospitales que debilite el rol financiador y rector (“soy hospital y hago lo que quiero”). Esa relación requiere, una vez más, sinceramiento de lo que es necesario para responder a las necesidades de la población en una lógica progresiva, pero cierta. Ni el MINSA/SIS tienen razón, ni los hospitales son dueños de la prestación. Ambos responden y están obligados con la gente, y eso es lo que olvidan.

Esta relación, que alberga aspectos técnicos, de determinación de costos, de gestión y operativos, requiere replantearse. El “financiamiento de la demanda” basado en tarifarios, negociaciones y carrito de compras, ha cumplido su ciclo. Modelos de financiamiento para avanzar en casos resueltos, fortalecer las redes y la integración, existen en diversas realidades. Variar mecanismos en las políticas y en la gestión cuando ya no responden a la necesidad del sistema y como hoy afectan a la gente, es necesario.

ADENDA: Más que “financiar la demanda”, concepto de mercado y de sistema financiero, de lo que se trata es de atender la necesidad de salud de la población o de financiar la atención; y más que “financiar la oferta”, debe existir la responsabilidad pública para que el sistema tenga los recursos necesarios y así operar en el horizonte del cierre de brechas.

Alexandro Saco


Escrito por

Alexandro Saco

Corredor, activista por el derecho a la salud.


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